Me defino como madre, hija, amiga, directora escolar y como una mujer con varias capas mágicas y divertidas:
Cuando decidí estudiar Educación Emocional a través de un postgrado, nunca soñé que ese camino me llevara a conocer, entender, regular y amar el mundo de mis emociones. Ha sido un viaje maravilloso donde me he dado el permiso de ver mi luz y mi lado oscuro. He aprendido a hacer lo mejor que pueda con los recursos que tengo y eso me da paz, por lo que el día en que el cansancio, la frustración y la ira se apoderan de mí; paro, respiro y si he gritado sé que debo pedir perdón y esperar que mañana sea un día mejor, en donde me permita hacer las cosas de manera diferente.
Me llena de orgullo ser la directora de uno de los primeros centros en el país que tiene como eje transversal las #prácticasrestaurativas, por que a través de ellas hemos visto la magia de educar nuestras emociones que nos llevan a realizar los procesos restaurativos desde una mirada más consciente.
Me considero una gestora escolar que a la vez es una abanderada de la #educaciónemocional y las #prácticasrestaurativas. Pero además de esto les cuento que soy una mujer con muchas capas más:
Ser mamá siempre fue mi mayor sueño, hoy tengo un hijo de 5 años y medio que es mi locura y por quien siento la responsabilidad de poner mi granito de arena en crear un mundo mejor.
Mi familia siempre será mi prioridad, uno de mis mayores regalos es ver a mi padre y a mi madre convertirse en abuelos. Son la definición de ternura, apoyo y amor incondicional.
Mi mayor satisfacción como directora es escuchar a un alumno decir “este es el primer colegio donde me quisieron” o cuando un padre o una madre me dice “mi niña dice que le encanta su colegio porque allí es feliz y la quieren”.
Me encanta la música, me ayuda a concentrarme para poder crear, pero sobre todo a celebrar.
Estoy aprendiendo a decir que no. He reconocido que debo trabajar en mi autocuidado, saber que no puedo hacerlo todo sola, que tengo a mi alrededor una comunidad en quien confío y puedo delegar y que no siempre puedo complacer a todos.
Me encanta la navidad creo porque disfruto muchísimo poder reunirme con mi familia y amigos, pero sobre todo porque me encanta comer.
Me encanta viajar, conocer lugares nuevos, culturas nuevas. Tengo muchos deseos de que la pandemia nos permita viajar libremente muy pronto.
Estoy aprendiendo boxeo y ¡me encanta! Es una excelente forma de combatir con la tensión.
El autoconocimiento ha sido un viaje largo donde la vida ha puesto en mi camino personas que me han ayudado en momentos donde no he podido sola. Por eso siempre digo que se vale pedir ayuda, eso te hace valiente.
Tengo la certeza de que, aunque vengan tiempos difíciles todo va a estar bien.
Mi misión en la vida es servir, servir al mundo desde la humildad, desde la escucha, la educación emocional y el enfoque restaurativo. Mi mayor deseo es transformar la educación desde el corazón, anhelando que el mundo sea más consciente, más empático, más tolerante y humano.
El 15 de marzo del 2020 el mundo cambió. El miedo, la frustración y la impotencia se convirtieron en acompañantes de la vida cotidiana. Estas emociones fortalecen la misión del Colegio Los Arbolitos para entrar profundamente en la aventura de transformar la educación desde el corazón, asumiendo el compromiso de apoyar a toda nuestra comunidad educativa en medio de una pandemia en donde no nos podíamos dar el lujo de detener el proceso de enseñanza. Contábamos con la poderosa herramienta de las prácticas restaurativas y el combinarla con la educación emocional nos permitió trabajar desde la prevención y la contención, en momentos donde la virtualidad pasó a ser parte de nuestra dinámica diaria.
Mark Vander Vennen (Shalem servicio de salud mental, Canadá 2016)[1] define la práctica restaurativa como: «una forma de pensar y ser, enfocada en crear espacios seguros para verdaderas conversaciones que profundicen la relación y creen comunidades conectadas y más fuertes». Por lo que asumimos el compromiso de enfocar los esfuerzos restaurativos a las necesidades específicas de cada uno de los miembros de nuestra comunidad, con el fin de crear un entorno seguro, empático y más justo para todos.
Los círculos restaurativos son una herramienta excelente para la creación de estos espacios, ya que permiten a los docentes y sus alumnos (as) a participar del proceso de toma de decisiones y, al mismo tiempo, funcionan como espacios de reflexión y toma de consciencia, motivando a mejorar la práctica pedagógica y rendimiento académico siempre partiendo de lo positivo. Por ejemplo, un curso manifestó que un profesor era muy estricto y poco flexible. Creando varios círculos, logramos escuchar de primera voz las inquietudes de los (as) alumnos (as), quienes distinguieron el alto grado de dedicación y los esfuerzos del maestro en una asignatura de mucho contenido teórico y hubo propuestas de ambas partes para dinamizar las clases. El círculo restaurativo se empezó reconociendo las fortalezas y habilidades de todos, pasamos a la reflexión de cómo haciendo las cosas diferentes podemos encontrar un equilibrio, y finalizamos con los acuerdos que equilibraron las peticiones y necesidades de los (as) estudiantes y las metas académicas que se deben alcanzar.
[1] Jean Schmitz: Prácticas Restaurativas para la prevención y gestión de conflictos en el ámbito educativo. (2018)
Basándonos en la ventana de la disciplina social de Ted Watchel (2000), la premisa de que las personas son más felices, más cooperadoras, y están más dispuestas a hacer cambios positivos en sus vidas cuando los que están en puestos de autoridad hacen las cosas con ellas, en lugar de hacérselas a ellas o para ellas.[1] , nos hizo reflexionar que cuando el ser humano trabaja desde la ventana restaurativa, acompaña a los miembros de la comunidad a cumplir las normas y límites establecidos, motivándolos y estimulándolos a vivir desde su mejor versión.
Esto nos llevó a hacer un trabajo de revisión de nuestras propias creencias, ya que muchos de nosotros crecimos en hogares autoritarios. Una vez realizamos ese ejercicio de introspección empezamos a cambiar nuestras antiguas ventanas limitantes por ventanas restaurativas y, en ese momento, nos dimos cuenta de que desde el equipo de gestión podíamos trabajar y acompañar tanto a los docentes como a los (as) estudiantes a generar cambios. Empezamos a invitar a todo el personal y a mostrarles con el ejemplo que es posible disciplinar y enseñar desde la motivación. En los espacios de formación con las familias les invitamos a dialogar las normas existentes en cada uno de sus hogares, a permitir que sus hijos puedan expresar sus inquietudes y a crear acuerdos que permitan que se cumplan las normas de convivencia, estableciendo límites sin caer en lo punitivo o negligente.
Precisamente, el tratar de dar lo mejor de nosotros mismos, facilitó la implementación del proyecto «Transformado con el Corazón». Un plan educativo con enfoque restaurativo que empodera y apoya a los estudiantes, a los docentes y a las familias, entregándoles herramientas que fomentan la disciplina positiva desde todos los ámbitos.
El enfoque restaurativo se basa en la premisa fundamental de separar persona de la conducta, fomentando la cultura de paz y la disciplina positiva. Basándonos en esto, la persona responsable de ocasionar un daño asume su responsabilidad sin tener que ser etiquetado (a). Por lo tanto, dejamos de decir: “eres un mal estudiante, eres un delincuente” y empezamos a utilizar frases como “no has cumplido con tus asignaciones escolares, ¿qué podemos hacer diferente? y has cometido un acto delictivo, para reparar el daño las consecuencias son las siguientes…”.
Este proceso permite tomar la responsabilidad desde un lugar seguro, de introspección y vulnerabilidad, en donde el individuo asume las consecuencias de su acción, sin caer en la vergüenza, aprendiendo a entender cómo sus emociones, sus creencias y su historia afectan el comportamiento y cómo este impacta su vida y la de los demás. Cuando hay una toma de consciencia, la persona puede realmente generar cambios desde su interior. Una de las frases más poderosas, aplicables a la educación, que ha citado Brene Brown, experta en vulnerabilidad,[1] dice: “La culpa es igual de poderosa, pero su influencia es positiva, mientras que la vergüenza es destructiva. La vergüenza erosiona nuestro valor… La vulnerabilidad es donde nace la innovación, la creatividad y el cambio». Esto nos motivó a crear espacios donde nos damos el permiso de equivocarnos aprendiendo de los errores y reparando el daño ocasionado, desde un enfoque restaurativo que prioriza el bienestar emocional de nuestra comunidad.
Desde el ámbito educativo podemos implementar los procesos restaurativos que van desde lo informal hasta lo formal, con el objetivo de crear una cultura restaurativa para fomentar la cultura de paz, prevenir los conflictos (violencia escolar, acoso, burlas, bajo rendimiento académico, etc.), y solucionar los que surjan en la práctica cotidiana, de una manera más empática y justa. La propuesta es trabajar de una forma más humana, donde se acepta la responsabilidad por el daño ocasionado, buscando formas de reparar el hecho mediante un proceso que no juzga ni estigmatiza. La adecuación de estos procesos debe responder a la realidad del entorno de cada centro educativo y a las necesidades específicas de cada miembro de la comunidad.
La escucha es el primer paso para poder realizar un proceso justo. Aprender a escuchar de forma activa implica poner toda la atención a la persona que intenta transmitir un mensaje y hacerlo de forma empática significa ponerse en el lugar de quien nos está hablando, porque generalmente, cuando alguien nos habla estamos elaborando la respuesta o pensando en otra cosa. En un momento donde la vida va tan rápido los seres humanos necesitamos aprender a escuchar, dándonos el permiso de detener lo que estamos haciendo para atender a ese estudiante, a ese docente o a ese tutor que nos quiere comunicar algo. Solo así se puede generar un diálogo respetuoso.
Mediante las declaraciones afectivas creamos herramientas que motivan un cambio de conducta desde lo positivo. Si se corrige desde la motivación, no se estigmatiza, todo lo contrario, se invita a una modificación del comportamiento negativo y, a su vez, se refuerza la conducta positiva. Jean Schmitz establece que “el uso y comprensión de este tipo de declaraciones puede ayudar a fomentar un cambio inmediato en la dinámica entre el docente y sus estudiantes. Cuando los docentes revelan a sus estudiantes cómo se sienten, se humanizan a los ojos de ellos, quienes frecuentemente les perciben como muy distintos a ellos mismos.
Las declaraciones afectivas ayudan a construir una relación basada en una nueva imagen que tienen los estudiantes de un docente quien se preocupa y tiene sentimientos, en lugar de una figura fría y distante de autoridad”. [1] Por esto siempre invitamos a las familias y los docentes que integren estas declaraciones a la vida cotidiana, corrigiendo desde un lugar de calma, de respeto, de empatía, donde puedan poner los límites sin caer en lo punitivo.
Las preguntas afectivas abren las puertas que nos permiten tener conversaciones profundas y reflexivas, porque son preguntas que invitan al análisis, a la toma de consciencia y a los diálogos restaurativos. A su vez, representan una herramienta para iniciar círculos restaurativos que empoderen. Algunas preguntas de ejemplo pueden ser: ¿Cuál es tu mayor fortaleza?, ¿Qué ha sido lo más difícil para ti de esta pandemia?, ¿Qué quisieras agradecer en tu vida el día de hoy?, ¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo? ¿A quiénes perjudica el acoso escolar?, etc. Trabajando los conflictos desde la prevención generamos este tipo de preguntas, que son, en gran parte, las que llevan a los estudiantes, a los docentes y a los tutores a hacer una reflexión de temas que promueven la armonía dentro de la convivencia escolar y familiar.
Cabe destacar que es importante evitar la pregunta de ¿por qué?, la cual usamos con mucha frecuencia. La mayoría de las veces la persona que ocasiona el daño no sabe expresar la razón que lleva a hacer lo que hizo. Por lo tanto, si se desea crear consciencia de lo sucedido y como esto afecta a los implicados, el uso del porqué más bien nos aleja de este objetivo. El IIRP (International Institute of Restorative Practices) sugiere un guión de preguntas reconocidas como preguntas restaurativas. Dentro del ámbito educativo y como parte de nuestro proyecto la utilizamos cuando surge un conflicto que debe ser solucionado. Algunas de estas son: ¿Qué pasó?, ¿Qué estabas pensando en ese momento? ¿Qué has pensado desde entonces?, ¿Quiénes se vieron afectados por este incidente y de qué manera? ¿Qué necesita suceder para que las cosas queden bien? etc.
Los círculos restaurativos se convirtieron es nuestra herramienta más utilizada, ya que estos son proactivos para abordar los conflictos desde la prevención y reactivos para poder solucionar el conflicto desde una mirada humana, respetuosa y justa. El círculo es un espacio vivo donde todos somos iguales, es un generador de comunidad porque los que están dentro participan de los mismos derechos y deberes y juntos construyen soluciones a los problemas. Tiene dos normas muy importantes que siempre hay que tener en cuenta: “Lo que se habla en el círculo, se queda en el círculo” y “No hay respuestas incorrectas, todos tenemos derecho a exponer como nos sentimos”.
Desde el Colegio invitamos a los docentes a aplicar los círculos en su labor diaria, porque es una herramienta que también puede ser utilizada en la toma de decisiones. La virtualidad supone un reto para la realización estos procesos, sin embargo, aunque son más poderosos cuando se hacen de forma presencial, la docencia virtual en la República Dominicana en respuesta al Covid-19 nos obliga a realizarlos de forma virtual, dejándonos con la satisfacción de que los círculos nos ayudan a mantenernos conectados emocionalmente con nuestra población escolar.
A través de la creación de líderes restaurativos, campañas de concientización, elaboración participativa de las normas de convivencia, implementación de círculos restaurativos proactivos, actividades de contención emocional adaptadas a la situación de pandemia y la implementación de las estrategias restaurativas a la hora de solucionar un conflicto, empoderamos al cuerpo estudiantil y logramos disminuir los niveles de violencia escolar, acoso, burlas, bajo rendimiento académico, etc.
[1] Jean Schmitz: PRÁCTICAS RESTAURATIVAS PARA LA PREVENCIÓN Y GESTIÓN DE CONFLICTOS EN EL ÁMBITO EDUCATIVO. (2018)
Una escuela es una construcción viva con muchas columnas, cada docente es una columna que sostiene y permite que tanto el sueño de lograr un mundo mejor, como los estudiantes que han de cambiar sus sociedades, puedan existir. Ellos representan una de las partes más importantes de toda entidad educativa y es necesario entregarles herramientas de autoevaluación, empoderamiento y crecimiento. Al implementar círculos restaurativos que inviten a la reflexión y fomenten el trabajo en equipo, incentivamos el uso de las declaraciones y preguntas afectivas y restaurativas como herramienta de modificación conductual, así como también la formación constante en este enfoque y en la educación emocional fortaleciendo el cuerpo docente. Con la implementación de este proyecto hemos logrado un personal más empático, con capacidad de solucionar los conflictos desde un abordaje de paz aplicando la disciplina positiva en su práctica pedagógica.
Finalmente, al llevar este enfoque a las familias a través de formaciones y encuentros prácticos, se dota a los tutores de herramientas que les permitan disciplinar desde lo positivo, disminuyendo el enfoque de disciplina punitivo o negligente. De esta forma implementamos un nuevo abordaje para todos los miembros de la comunidad, creando un centro educativo realmente restaurativo.
Así como hay muchos seres humanos en el mundo, también hay muchos sueños. Con los ojos y el corazón bien abiertos seguimos soñando que las practicas restaurativas llegan a todas las escuelas de la República Dominicana y que todos juntos tomados de las manos creamos comunidades más empáticas, tolerantes y justas. Al transformar la educación desde el corazón, poco a poco, nos acercamos a construir ese mundo mejor en el que todos tenemos las mismas oportunidades.
Este año y medio ha sido una época muy difícil para el mundo, para algunas personas más que otras. Sin embargo, este año he aprendido muchas lecciones que quisiera pasártelas con la esperanza de que cuando seas grande seguirás siendo bondadoso, cariñoso y feliz. De la pandemia aprendí:
1. A ser agradecida: descubrí que la gratitud es una de las fortalezas más grandes que puede tener un ser humano. Cada día cuando te levantes agradécele a la vida todo lo que tienes, el simple hecho de respirar es de por sí un regalo. Ser agradecido es una de las claves para alcanzar la felicidad.
2. A ser amable y a escuchar: la empatía es ponerse en el lugar del otro sin juzgarlo. Siempre sé amable con los demás, no sabes si el otro está pasando por una situación difícil y en ese momento necesita alguien que lo escuche y lo entienda. No todos tienen la dicha de tener una red de apoyo como la que tenemos nosotros, por eso siempre tómate el tiempo de escuchar a quien necesita compartir sus alegrías y sus penas.
3. A solo compartir lo que le agregue felicidad al mundo: haciendo un trabajo para los chicos del Colegio me topé con una frase de Zoe Sugg que dice: «Cada vez que subes algo a internet, tienes dos opciones: puedes hacer que añada felicidad al mundo o puedes hacer que le reste felicidad.» En una época donde todo se hace viral recuerda que detrás de una imagen o un video siempre hay un ser humano y una familia, por lo que si quieres ser empático solo comparte la información que agregue felicidad.
4. La familia es uno de los mayores regalos de la vida: nuestra familia no es perfecta, sin embargo, es una familia llena de amor, confianza, respeto y, sobre todo, repleta de personas que nos apoyan incondicionalmente. Siempre contesta la llamada de tus familiares y si tienes días sin saber de alguien en particular, llámale por teléfono o escríbele un mensaje.
5. Los amigos son la familia que la vida te regala: cuida siempre de tus amigos/as, ellos se convertirán en tus hermanos/as, acompañándote en los días malos y celebrando contigo en los días buenos.
6. Se vale llorar y pedir ayuda: la felicidad no es un estado permanente. Hay día grises cuando es importante pedir ayuda, tus amigos no pensarán que eres débil porque identificar cuando necesitas de los demás, es un acto de amor propio y valentía. No tienes que hacerlo todo rápido y bien. Habrá días donde tropieces y te equivoques, no te angusties, te levantarás y al día siguiente sé que lo harás mejor.
7. A actuar en coherencia con el legado que quiero dejar: sé siempre honesto, la verdad, aunque duela se corresponde con lo que quieres entregar a tus hijos o a los que vienen después de ti. Cuando no sepas si estás haciendo lo correcto siempre pregúntate: ¿esto que haré es coherente con el legado que quiero dejar?
8. A ayudar a los demás: la solidaridad brinda alegría. Siempre hay una forma de ayudar a alguien que lo necesite. Si compartes lo que tienes, aunque sea un poco, pones un pequeño granito de arena para crear un mundo más justo y equitativo. La solidaridad también es un acto de gratitud.
9. A dar lo mejor de mí: cuando vives desde tu mejor versión te acercas cada día a tu estado ideal. Trata de hacer cada una de tus acciones de la mejor manera, puede que no sea suficiente para alcanzar lo que quieres, pero te hará sentir orgulloso de ti mismo.
10. A conocerme a mí misma: el viaje más maravilloso que puedes hacer será el de tus caminos interiores. Aprende a conocer y abrazar tus emociones, de ellas aprenderás a entender cómo tus actos impactan la vida de los demás. Ese viaje de introspección te llevará a quererte, a valorarte y a entenderte. Te mostrará el sendero de la felicidad.
Mi querido Marco Ernesto tu eres mi mayor bendición, porque desde que naciste me enseñaste a vivir con una mirada más consciente y plena. La felicidad se construye todos los días, por eso en esta pandemia nos hemos abrazado, nos hemos contenido, aprendiendo todos días lecciones que espero que lleves contigo durante toda tu vida.
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