
Este año y medio ha sido una época muy difícil para el mundo, para algunas personas más que otras. Sin embargo, este año he aprendido muchas lecciones que quisiera pasártelas con la esperanza de que cuando seas grande seguirás siendo bondadoso, cariñoso y feliz. De la pandemia aprendí:
1. A ser agradecida: descubrí que la gratitud es una de las fortalezas más grandes que puede tener un ser humano. Cada día cuando te levantes agradécele a la vida todo lo que tienes, el simple hecho de respirar es de por sí un regalo. Ser agradecido es una de las claves para alcanzar la felicidad.
2. A ser amable y a escuchar: la empatía es ponerse en el lugar del otro sin juzgarlo. Siempre sé amable con los demás, no sabes si el otro está pasando por una situación difícil y en ese momento necesita alguien que lo escuche y lo entienda. No todos tienen la dicha de tener una red de apoyo como la que tenemos nosotros, por eso siempre tómate el tiempo de escuchar a quien necesita compartir sus alegrías y sus penas.
3. A solo compartir lo que le agregue felicidad al mundo: haciendo un trabajo para los chicos del Colegio me topé con una frase de Zoe Sugg que dice: «Cada vez que subes algo a internet, tienes dos opciones: puedes hacer que añada felicidad al mundo o puedes hacer que le reste felicidad.» En una época donde todo se hace viral recuerda que detrás de una imagen o un video siempre hay un ser humano y una familia, por lo que si quieres ser empático solo comparte la información que agregue felicidad.

4. La familia es uno de los mayores regalos de la vida: nuestra familia no es perfecta, sin embargo, es una familia llena de amor, confianza, respeto y, sobre todo, repleta de personas que nos apoyan incondicionalmente. Siempre contesta la llamada de tus familiares y si tienes días sin saber de alguien en particular, llámale por teléfono o escríbele un mensaje.
5. Los amigos son la familia que la vida te regala: cuida siempre de tus amigos/as, ellos se convertirán en tus hermanos/as, acompañándote en los días malos y celebrando contigo en los días buenos.
6. Se vale llorar y pedir ayuda: la felicidad no es un estado permanente. Hay día grises cuando es importante pedir ayuda, tus amigos no pensarán que eres débil porque identificar cuando necesitas de los demás, es un acto de amor propio y valentía. No tienes que hacerlo todo rápido y bien. Habrá días donde tropieces y te equivoques, no te angusties, te levantarás y al día siguiente sé que lo harás mejor.
7. A actuar en coherencia con el legado que quiero dejar: sé siempre honesto, la verdad, aunque duela se corresponde con lo que quieres entregar a tus hijos o a los que vienen después de ti. Cuando no sepas si estás haciendo lo correcto siempre pregúntate: ¿esto que haré es coherente con el legado que quiero dejar?
8. A ayudar a los demás: la solidaridad brinda alegría. Siempre hay una forma de ayudar a alguien que lo necesite. Si compartes lo que tienes, aunque sea un poco, pones un pequeño granito de arena para crear un mundo más justo y equitativo. La solidaridad también es un acto de gratitud.
9. A dar lo mejor de mí: cuando vives desde tu mejor versión te acercas cada día a tu estado ideal. Trata de hacer cada una de tus acciones de la mejor manera, puede que no sea suficiente para alcanzar lo que quieres, pero te hará sentir orgulloso de ti mismo.
10. A conocerme a mí misma: el viaje más maravilloso que puedes hacer será el de tus caminos interiores. Aprende a conocer y abrazar tus emociones, de ellas aprenderás a entender cómo tus actos impactan la vida de los demás. Ese viaje de introspección te llevará a quererte, a valorarte y a entenderte. Te mostrará el sendero de la felicidad.

Mi querido Marco Ernesto tu eres mi mayor bendición, porque desde que naciste me enseñaste a vivir con una mirada más consciente y plena. La felicidad se construye todos los días, por eso en esta pandemia nos hemos abrazado, nos hemos contenido, aprendiendo todos días lecciones que espero que lleves contigo durante toda tu vida.
Te adoro con toda el alma,
Mamá
